¿Cómo puede el pequeño comercio hacer frente a los centros comerciales y al ecommerce?

No supone ninguna novedad afirmar que el comercio tradicional está experimentando uno de los peores momentos de los últimos años.

La competencia feroz de los centros comerciales fue la primera amenaza a la que tuvieron que hacer frente. Además, desde hace casi un año en Valencia, algunos centros comerciales disponen de libertad para abrir domingos y festivos compitiendo de forma desleal con economías que ni pueden ni quieren dejar de tener vidas propias.

La caída de la demanda y las casi inexistentes políticas de apoyo al pequeño comercio los han situado en un horizonte donde la mayoría tienen la casi seguridad de desaparecer a corto o medio plazo.
Por si esto no fuera suficiente, el comercio electrónico gana cada día más incondicionales, la comodidad y un mayoritario acceso a la tecnología está provocando un desvío de la demanda del comercio físico al entorno online.

Ante todas estas amenazas, parece que el comercio tradicional -el de pueblo, el de barrio...- no tiene ningún arma con la que defender su precaria existencia, sin embargo, deberíamos analizar la opinión de los clientes cuando hablan del comercio de proximidad.

Uno de los factores claves para elegir el comercio tradicional frente al de grandes superficies es la proximidad, los clientes aprecian el poco tiempo que han de invertir en trasladarse para realizar sus compras.

El segundo factor nos habla de la cercanía, la amabilidad y el trato personalizado que reciben por parte del comerciante.

Estos dos factores nos hablan de una característica fundamental del comportamiento de los seres humanos: somos sociales por naturaleza y nos gusta relacionarnos con nuestro entorno inmediato.

Comprar online es rápido y eficiente pero nos priva del ritual de salir, relacionarnos, curiosear y convertir la compra en una actividad de ocio.

Las fortalezas del pequeño comercio son muchas, las amenazas del exterior también. Por ello, el pequeño comercio tiene que dar un paso de gigante con el fin de mejorar la experiencia de los clientes, provocar ese "engagement" que ya tienen las grandes marcas, poner en valor sus mejores cualidades y conseguir que los responsables políticos se involucren en el tejido comercial de sus localidades y sus barrios.

Solo así conseguiremos conservar una actividad económica que genera empleo, riqueza y contribuye al desarrollo local.